La sonrisa de regreso que contesta otra sonrisa bastaba.
Un espacio compartido con las cosas más sencillas bastaba.
Un hotel en cualquier parte de Europa, se podía hablar jugando a quitarnos la ropa.
Convertimos las peleas en paces. El primero que se rinda y lo dice ya sabe...
Hacer caso a tus consejos aunque estés equivocado bastaba.
Irrumpir con nuestras buenas maneras, con las que disimulamos errores y quejas.
Sumergirnos bajo el agua helada, y aceptar que ya sabemos que es agua pasada.
Cómo pudimos llegar a querernos tan mal, de verdad, no lo sé.
Cómo has podido decirme que aquí cada uno sabrá lo que hacer.
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