19 marzo, 2012

El optimismo más macabro

Tengo en la mesa una máscara de pestañas, dos tickets de tren viejos, la camisa que siempre digo que me pondré y jamás se da la oacasión […] ah, ya, y el teléfono de mierda al que nunca llamas, papá.

Podria prenderle fuego a la puta habitación entera, pero se me han acabado las cerillas para el incienso y desde que me dió el revés de no fumar tabaco no se donde estan los benditos mecheros. ¿Y para qué? si nunca se me dio bien actuar como una hija única y malcriada a la que pilló temprano el famoso síndrome del emperador y ahora tiene que llamar la atención de un hijo de puta que…

Felíz dia.

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