Te observo mientras duermes, estas preciosa como siempre,
pero sé que, desgraciadamente, siempre no podré tenerte.
Sueño que esto es un sueño y que tras la muerte me esperas en un campo verde,
como tus ojos eternos.
Tengo suerte por haberte conocido,
te recuerdo que eres antagonismo de olvido.
Tu respiración es anestesia, para mí dolor.
Cuando nos perdamos no cojas mis manos diciéndome adiós.
Otro día se escapó donde se fue la inocencia,
y arrancó al silencio lo que el ruido no decía.
Si mañana me voy olvida quien soy,
y recuerda quien fui el día que te conocí.
Hoy sufro por mi, sonrío por ti.
Ojalá pudiera amarte en un lugar más hostil.
Siento este instante como el primer beso.
Cuando la vida nos separe espero estar más que lejos.
Con la costumbre de dejar mi caparazón en tu portal,
ahora me duele la noche, y solo puedo llorar.
Si un día entendieras la mitad de esta mente,
me tendrías a tu vera la mitad, eternamente.
La otra seguirá buscando algo que no sé... no hay respuestas,
y a diario me pregunto porqué.
Tan rápido pasa todo que el vértigo me impide distinguir si caigo solo o si vuelo libre.
Pero tú descansa, ya se me pasará el miedo,
y haré de tu casa mi cielo con infierno.
Y aún sin ilusiones, sobrio, no oculto mi deseo de cerrar los ojos y jurar que te veo haciéndome gozar en unos cuantos años. Follándome a la paz que únicamente he rozado
Sigue durmiendo, que yo sueño despierto que sueñas que al morir yo acaricio tu cuerpo
27 diciembre, 2011
Un poeta cualquiera
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