28 noviembre, 2009

Que se joda el mundo, la vida es un segundo


Se le nota el vicio en el color de los labios. Y en cada calada, da un pasito más hacia la explosión de su miocardio.
Como si no se diera cuenta, o como si no quisiera dársela, se muere un poco más en cada bocanada de humo.. Y cuando llegue el final, ni siquiera se hará la sorprendida.
Siempre fué de las que fantaseaban con suicidarse antes de los treinta.

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